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Seminario de Investigación
Imagen, Cultura y Tecnología: la Imagen Técnica del siglo XIX al siglo XXI


Breve bitácora de un largo viaje

pablo ortiz monasterio

A mediados de los años setenta, cuando terminaba la carrera de economía, me di cuenta que era la fotografía lo que realmente me apasionaba. Llevaba varios años de fotografiar, revelar e imprimir: siguiendo el viejo sistema de prueba y error característico de los autodidactas. Decidí entonces vender automóvil, cuarto oscuro y cuanta pertenencia vendible encontré para emigrar a Londres y cursar estudios formales de fotografía.

Tres años mas tarde en una noche de abril de 1977 sonó el teléfono, era mi padre el Doctor Fernando Ortiz Monasterio, para proponerme un proyecto de documentación fotográfica sobre Gaspare Tagliacozzi, el gran cirujano del Renacimiento italiano. Acordamos reunirnos en el aeropuerto de Londres donde él pasaría algunas horas. Me resultaba emocionante la cita con mi padre, a quien llevaba casi dos años de no ver.

Nos pusimos al corriente de las novedades de nuestras vidas y de la familia. De su portafolio sacó el libro The life and times of Gaspare Tagliacozzi, y mientras lo mirábamos me platicó lo que había pensado sobre el proyecto. Él continuó su viaje, yo me quedé con un libro de mas de quinientas páginas y la tremenda energía y entusiasmo que mi padre sabe generar en sus colaboradores.

El nombre de Tagliacozzi me era familiar, pues en la casa paterna oímos desde niños las historias sobre este pionero de la cirugía plástica y la relación que mi padre, a fuerza de imaginación, había logrado establecer con el mítico cirujano renacentista. Al regreso de sus viajes por Italia disfrutaba contarnos cómo lo había visto caminar por las plazas de Bolonia dirigiéndose al Ospedalle Della Morte a curar a sus enfermos, o rumbo al Archignnasio a impartir sus clases de anatomía.

El libro The life and times of Gaspare Tagliacozzi, de Marta T Gnudi y Jerome P Webster (Herbert Reichner, New York, 1950) es una minuciosa y muy documentada investigación histórica sobre la vida y obra del médico renacentista, padre de la cirugía plástica. La historia resultaba fascinante, pero ¿Cómo documentar fotográficamente a un personaje que vivió hace mas de cuatrocientos años? ¿Qué fotografiar? No lo sabía aún pero me animaba el cambio de Londres –ciudad sajona de largos inviernos- a Bolonia -pequeña ciudad universitaria y mediterránea.

En el primer viaje a Bolonia conocí a Tattini, nos hermanamos de inmediato, me hospedó, me presentó a sus amigos y me introdujo en la cultura italiana. Por varias semanas fotografié la arquitectura y documentos relacionados con Tagliacozzi. Meses mas tarde, ya en México revelé las películas tomadas en Italia e imprimí algunas imágenes que me resultaron significativas o simplemente hermosas, con ellas armé una pretenciosa maqueta de libro, sin saber bien a bien como abordar el proyecto. El proyecto se acomodó en un cajón a dormir el sueño de los justos y así se fueron pasando meses y años. Como en la historia de Rip Van Winkle escrita por Washinton Irving, cuando recordé habían pasado veinte años.

En el verano de 1998, en una de esas tardes del altiplano mexicano que prometen aguacero, platicaba con mi padre y surgió nuevamente el tema de Tagliacozzi. Finalmente me dijo de manera cariñosa pero imperativa: “tenemos que terminar ese proyecto”. Decidimos retomar los hilos sueltos que habíamos abandonado hacía dos décadas.

En 1999 hice dos viajes para perseguir de nuevo el fantasma de Tagliacozzi. Bolonia había cambiado y crecido, los archivos se habían modernizado, pero las huellas de la ciudad renacentista permanecían intactas. Ahí compartí unos días con mi padre; caminamos incansablemente, charlamos y discutimos, tomamos muchas fotografías y convocamos cada noche a Gaspare Tagliacozzi.

Una tarde mi padre le dio cita a una muchacha que viajó de Florencia para consultarlo acerca de una cirugía mayor en el rostro. La revisó cuidadosamente, le pidió permiso para palparle los huesos de la cara y cráneo; después de una pausada reflexión le propuso un plan, si ella estaba dispuesta, para operarla. La chica se fue esperanzada y meses más tarde vino a México a operarse. Esa noche, estimulado por excelentes vinos italianos y la lúcida conversación entre notables cirujanos, me fui a la cama convencido de que lo que reencarna no es el alma sino el talento y la voluntad de los individuos.

La fotografía ha sido para mi un medio de expresión y una forma de conocimiento. Con Tagliacozzi aprendí un poco de historia y medicina, pero sobre todo comprendí que las grandes obras son realizadas por aquellos que, además de ser inteligentes, hábiles e imaginativos, son arrojados. Ya lo advertía mi abuela Carmelita Garay cuando afirmaba de manera contundente: “este mundo es de los valientes” 

 

 

Pablo Ortiz Monasterio

Ciudad de México, Marzo de 2000.